- Mira ya fui a anular mi voto. – le dije muy feliz.
- Si serás tonta… ¡Le vas a dar a mayoría al PRI! – me contestó como todo extranjero empecinado con la política mexicana pero lo suficientemente lejano para seguir teniendo dentro de sí, otro contexto.
- Psstt… no molestes. Le expresé mi valemadrismo en cuanto su opinión.
Nos fumamos un churrito, luego dos,, y luego tres. No teníamos nada que hacer. Era domingo, ya habíamos desayunado una barbacoa de hoyo, -regulis,regulis-. Y nos quedaban varias horas por delante.
Hugo estaba más fumado que yo, y suele suceder, sus 189 centímetros de estatura deberían de permitirle fumar lo que no me cabe a mí en 155 centímetros. ¿Qué no? Así que lo empecé a molestar.
- Nunca lo he hecho con un español- le decía mientras le acariciaba su cabello.
- Pues tú dime- contestó.
- Pero, quiero hacer algo… diferente. – le dije al oído mientras le comenzaba a besar el cuello.
- Lo que tú digas- me contestó sin imaginar lo que tenía en mente.
Ni siquiera le permití que quisiera tomar la iniciativa, No. La iniciativa, el morbo y las ganas eran más mías que suyas.
Lo besé de a poquito. Disfrutando su sabor, -por cierto, bastante peculiar- que se quedaba impregnado en mi lengua ávida de su piel.
Le quité la ropa despacito, dejándolo sentir que cada sensación se intensificará con ayuda del churrito. Yo empezaba a estar lo bastante cuerda como para percibir su estado alterado de la conciencia (¡Voooy!, dirían en las películas de Pepe, el Toro).
Le chupe los dedos, cada uno de ellos. El cuello, los labios, el pecho, el ombligo (¡Cómo me gusta el ombligo masculino!, pues generalmente empieza un caminito lleno de vellos que me describen a medias lo que veré más adelante) e intenté inhalar, ese dulce olor a él que me parecía embriagador (A lo mejor y no lo era tanto, pero estaba un poquito drogada).
Cuando comencé a saborear su pene, me sentí un poco menos segura de mí… no era “enorme” ni nada por el estilo pero, era… mmm… digamos que un poco más ancho que lo habitual y al tratar de succionarlo todo me lastimaba un poco…
Él tenía los ojos cerrados, la cabeza recargada en el improvisado sillón y las piernas abiertas en donde yo me recargaba plácidamente mientras me peleaba un poco con su anchura. –claro que él no lo notaba- .
Me gusta chupar el glande como si fuera una paleta. Me divierte sentir el grosor y la forma, y llenarlo con mi saliva. También me apetece jugar con el orificio que tienen los hombres justo en medio. Por mera lógica visual, sé, -y creo que todas lo sabemos- que nunca podremos introducir nada ahí (al menos nada que no sea doloroso) es como una negación a su interior y en lo personal me causa mayor deseo. Así que chupo, lamo, y siento cada milímetro de piel, esperando en vano, que sea más grande y pueda introducir mi lengua.
A esas alturas del asunto, Hugo, estaba a punto de llegar al orgasmo.- ya saben, el pene se vuelve un poco más ancho, las venas se sienten un poco más en la boca y hay un movimiento inconfundible. Por lo tanto, me detuve. ¡Claro que no iba yo a dejarlo terminar así como así!
Entre un jugueteo en el que él sin decirlo pedía que me quedará abajo, mientras sus manos toqueteaban mis senos e intentaban aprisionarme por medio de la cintura. Yo, lo tomé de sus brazos, y las até con su propia camisa. Él sonrió. Se dejó atar con una leve sonrisa en los labios, estaba dispuesto a todo.
Lo ayudé a recostarse. Le indiqué que seguiría saboreándolo y le pedí que no se moviera. Él asintió con la cabeza y volvió a cerrar los ojos y a olvidarse de mí, pues sólo mi boca importaba.
Volví a succionar con lentitud su pene que cada vez se acomodaba más y más entre mis labios, para después ayudarme con una de mis manos a acariciarle de arriba abajo.
- ¿Así te gusta?- le pregunté y el afirmó que sí mientras se mordió los labios.
Mientras mi mano seguía masturbándolo, mi boca comenzó a bajar hacia sus testículos. Donde esa piel mucho más suave y delicada, -a pesar de que los vellos no permiten el contacto directo.- sabía más a él. Se mezclaba con un aroma dulzón.
Hugo parecía retorcerse de placer, y aunque las sensaciones lo aprisionaban, su cuerpo seguía estando estático, para no molestarme en mis acciones.
Besaba y chupaba de manera intercalada sus genitales. Unas veces el glande, -húmedo, muy húmedo- y otras veces sus testículos que, -debo de admitir me envolvían por la sensación de poder que me daba-. Entonces, decidí ir más abajo, cerca de su ano y mi lengua comenzó a jugar justo en esa parte donde lo peor y mejor del hombre se unen. Escuché un leve gemido que pareció ahogado intencionalmente para no delatarse.
Me cercioré de humedecer aquella parte y el ano mismo, lo suficiente para que mi dedo meñique no fuera brusco a la hora de querer entrar. Él dio un salto, sin embargo, lo calmé con algunos juegos más de mi lengua en su glande.
Mi dedo meñique estaba dentro de él y con la suavidad que alguna vez yo necesité, lo moví lentaaaamente para generarle confianza. Acto seguido, mi boca devoró su pene que crecía y endurecía cada vez más.
No tardó mucho en llegar al orgasmo, esta vez el semen me sabía bien. Era un pequeño trofeo. Él no atinaba a decir o hacer algo. No importó. Yo estaba contenta de haber experimentado y de comprobar que siempre es bueno satisfacer al otro, especialmente cuando no se lo espera.
Hoy en el trabajo no me volteó a ver mucho, aunque por MSN me dice que le urge cogerme.
Yo espero que me devuelva el favor, porque además, un hombre tan abierto, me ofrece una gama de posibilidades que estoy ansiosa de explorar.